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Bernard Collignon
Puerto Príncipe | Correo Electrónico
18 de enero de 2010
Como ya escribí, sólo Puerto Príncipe y su región ha sido tocado por el terremoto.
Volví a bajar a la ciudad esta mañana. Parece que la vida vuelve a empezar muy despacio. Un signo, nos envían agua (a nuestro barrio que no fue siniestrado). Con las 9 Hermanas en casa, nos encontramos más apretados que antes [la de las Hermanas de la Caridad de Sta Jacinto quedó totalmente siniestrada, los Hermanos les dan albergue]. Ellas aportaron poco alimento, por el momento, tenemos suficiente. Pero olemos mucho a angustia, a estrés. Aunque soy bastante tranquilo, yo mismo comienzo a ponerme nervioso, un signo de cansancio.
Pero hace falta ayuda urgente para la población y sobre todo, habrá que reconstruir. ¡Los grandes colegios católicos están reducidos a la nada! Por el momento, todavía no tenemos proyectos. Hace falta que pase la crisis para que se tenga el ánimo para reconstruir. A menudo hablamos de estado de choque en los medios de comunicación, de célula de sostén psicológico. Todos estamos aquí, un poco, en ese estado, hasta nosotros que no sufrimos.
Cuando la ayuda llegue, trataremos de solucionar lo más urgente: el alimento de la gente que casi no comió nada desde hace una semana. Luego probablemente las ayudas para las escuelas siniestradas. Por el momento, todavía vivimos al día. ¡Un día de cada vez!
Os tendré al corriente, si es que encuentro gasoil como hoy, porque pronto no podremos poner en marcha nuestro grupo electrógeno.
Recuerdos.
H. Bernard Collignon
20 de enero de 2010
Somos unos privilegiados. Comemos tres veces al día como si nada... ¿Por cuánto tiempo todavía? porque nuestras reservas bajan y sobre todo la corriente eléctrica va a hacerse escasa. No encontramos gasoil. Sin gasoil, nada de internet, nada de congelador. ¿Pero qué es esto al lado del desamparo de la gente?
Actualmente, sé sobre todo eso apenas más que vosotros, porque por culpa del carburante limitamos las salidas a lo estrictamente necesario. Las noticias nos llegan por las monjas que viven en nuestra casa y que descienden cada día a las ruinas de la suya.
Las cosas comienzan a recuperarse en por aquí. Anuncian la próxima apertura de los bancos, algunos supermercados entreabren sus puertas. Pero todo esto queda muy tímido. Reina alrededor de los lugares siniestrados un olor fuerte de orina y de excrementos. En la ciudad, el olor de los cadáveres es insostenible.
Pero por lo menos, la ayuda comienza a ser masiva.
Me preocupo mucho de lo que pasará mañana. Comienzo a estar cansado. Y somos gente rica.
Buen día.
H. Bernard Collignon |